Para muchas empresas, iniciar en comercio exterior siempre ha sido un salto de fe.
Un cliente en el extranjero, un proveedor nuevo, una primera exportación o importación “pequeña” para probar… y la sensación de que ‘con que mi producto salga de la aduana’, todo estará bien.
En 2026, este enfoque dejó de ser suficiente.
Con la entrada en vigor de las reformas y modificaciones a las Reglas Generales de Comercio Exterior y a la Ley Aduanera, así como con los ajustes a la Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación (TIGIE), el comercio exterior en México se volvió más estricto, más documentado y mucho menos tolerante a la improvisación. La autoridad ha dejado claro que ahora espera sustancia, trazabilidad y coherencia operativa en cada operación de importación o exportación.
Uno de los cambios más relevantes para 2026 es que la autoridad ya no se limita a revisar si un pedimento está correctamente llenado o si las contribuciones fueron pagadas. Hoy, las empresas deben ser capaces de demostrar que la operación existe y se sostiene en la realidad.
Esto implica, entre otras cosas, poder acreditar:
Las nuevas disposiciones refuerzan la integración de expedientes más completos, mayores obligaciones de control y una corresponsabilidad más amplia entre empresas y agentes aduanales. En paralelo, se endurecen las sanciones, se amplían las causales de suspensión de padrones y se reduce el margen para corregir errores una vez que la operación ya ocurrió.
Para las empresas que están por iniciar en comercio exterior, o que ya importan o exportan sin contar con un equipo especializado, el mayor riesgo no es la falta de intención de cumplir. El riesgo está en no saber en dónde están las obligaciones críticas ni cómo se conectan entre sí.
Hoy, un error en clasificación arancelaria, en la documentación de soporte, en el origen de la mercancía o en los controles internos puede tener consecuencias que van desde retrasos operativos hasta multas elevadas, suspensión de padrones o auditorías complejas.
Y lo más delicado es que muchos de estos riesgos no son evidentes al inicio.
En este contexto, una adecuada planeación de las exportaciones e importaciones se convierte en una herramienta estratégica.
Una planeación bien estructurada permite:
Para empresas en etapa inicial, una planeación adecuada es la forma más eficiente de empezar con orden. Para empresas que ya operan, es una oportunidad de validar que lo que hoy funciona no se convierta mañana en un problema.
Otro eje clave de las reformas para 2026 es la importancia de la información: que exista, que sea consistente y que esté disponible. La autoridad avanza hacia un modelo de mayor fiscalización apoyado en datos, trazabilidad y sistemas de control.
Para las empresas, esto implica que contar con herramientas tecnológicas que faciliten la consulta y gestión de información de comercio exterior. Aquí la tecnología deja de ser un lujo y se vuelve un aliado para reducir errores, ganar visibilidad y tomar mejores decisiones sin necesidad de volverse expertos técnicos.
La tecnología bien utilizada simplifica procesos, ordena la información y fortalece el cumplimiento.
En FTS trabajamos con empresas y marcas que están dando sus primeros pasos en comercio exterior, o que ya operan pero buscan hacerlo con mayor claridad y control.
Nuestro enfoque parte de una idea sencilla: antes de operar, hay que entender.
No se trata de complicar el comercio exterior, sino de traducir la normativa en decisiones prácticas, alineadas al negocio y a su realidad.
Por eso, el primer paso no es un servicio complejo ni un proceso interminable, sino un diagnóstico de comercio exterior que permita:
Si estás por iniciar exportaciones o importaciones, o si ya lo haces pero quieres mayor certeza, un diagnóstico oportuno puede marcar la diferencia entre operar con tranquilidad o enfrentar contingencias innecesarias.
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